Cada vez es más prominente la presencia de un movimiento musical conocido como hyperpop, donde artistas que operan desde ámbitos independientes crean canciones con ritmo y adictiva a través de una producción con sobrecarga digital, introduciendo glitcheos en los sonidos electrónicos o referencias a sonidos o cacharros del pasado pero ligados a lo tecnológico o a Internet. Lo curioso de esta escena es que no sucede en una ciudad o país concreto, que es como tradicionalmente se crean, sino que aparecen estas voces repartidas a lo largo y ancho del planeta.
Es una muestra de Internet convirtiendo todo en un nuevo campo de juego compartido, hasta el punto donde las inquietudes y las referencias se comparten entre gente separada por kilómetros de distancia. Lidiar con las referencias comunes, desde pop recargado hasta videojuegos, se ha convertido en vías creativas que dan pie a una nueva corriente, y que responde a un momento de caos e incertidumbre que se procesa a través de deconstruir y reestructurar recuerdos pasados ligados a artefactos.
Es frecuente que en el cine pasen cosas, sobre todo a nivel industrial, que ya fueron anticipadas en lo musical. El creepypasta que se va introduciendo cada vez más podría ser una comparativa más directa, pero lo cierto es que cada vez más se ven inquietudes comunes entre cineastas que se localizan en espacios de lo más dispares. Y una de esas visiones compartidas están ligándose a menudo con los recuerdos y la familia, explorados para intentar buscar algo de sentido al vacío o incertidumbre del presente.
‘Blue Heron’ es la última película estrenada que trata de lidiar con una figura familiar cuya presencia sigue proyectándose en el presente, valiéndose de las herramientas del cine para que la memoria fragmentada tenga cierta estructura y quizás algún sentido lógico. Viene de Sophy Romvari, una cineasta canadiense con ascendencia húngara. El año anterior, la catalana Carla Simón exploraba su propio pasado con familias desaparecidas en un momento vital crucial con ‘Romería’. Unos años antes, ‘Aftersun’ nos abrumó con su propia mezcla de perspectiva infantil y revisionismo de momentos compartidos con un familiar a través de lo recordado.
Fragmentos recompuestos
Se podría apuntar a esta última película, la de Charlotte Wells, como un desencadenante para que otras cineastas (los ejemplos más llamativos en los últimos años han sido de mujeres) se valgan de la cámara para recapturar esos momentos pasados como si se reencajaran piezas de un puzzle, aunque no pueda evitar también remodelarlos con la experiencia adquirida con los años. Ninguna consigue una resolución definitiva, pero sí se aproxima a una reconciliación que es lo que termina haciendo sus ejercicios elusivos algo completamente desbordante en lo emocional.
Sus diferencias son aparentes en las figuras que deciden explorar y también que otras se pueden comentar desde ahí. ‘Aftersun’ lidia con la salud mental y la disparidad entre expectativas vitales y la realidad. ‘Romería’ explora el silencio ante una tragedia por estigmas sociales. ‘Blue Heron’ se queda atravesada por la frustración ante los enigmas de la crianza de alguien marcado por la inestabilidad. Pero en todos los casos encontramos líneas temporales que se alternan, un intento de buscar sentido a lo pasado desde lo presente, y lo cinematográfico de por medio.
Buscando una respuesta en la memoria del cine
La presencia de cámaras, a menudo digitales, son cruciales porque al final son las mejores capturadoras de recuerdos. En estos ejemplos vemos cómo su introducción añade textura metatextual donde la propia autora intenta aceptar que está empleando el acto de grabar para encontrar su propia forma de sanar. Cine terapéutico, aunque con cierta ambivalencia porque la respuesta a menudo es inconclusa.
Es llamativo precisamente que de lugares tan distintos y personas criadas de manera diferente acaben surgiendo estas inquietudes similares y un método similar para canalizarlas. Incluso podríamos señalar un caso más hollywoodiense como el de ‘Los Fabelman’ (’The Fabelmans’) de Steven Spielberg como variación más veterana de algo personal que está emergiendo en el cine más autoral de la actualidad.
Es una muestra de cómo historias concretas y específicas pueden hablar igualmente a un público mayoritario, siempre y cuando se aborden con honestidad así como cercanía. Eso es también la magia del cine, que está encontrando su propia era dorada como mecanismo para el recuerdo.
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