Solo tiene 3 episodios y está basada en hechos reales. Una miniserie que destapa uno de los mayores escándalos medioambientales de la historia

Solo tiene 3 episodios y está basada en hechos reales. Una miniserie que destapa uno de los mayores escándalos medioambientales de la historia

La ficción de Channel 4 reconstruye décadas de negligencias, decisiones políticas y vertidos de aguas residuales a través de la investigación de dos vecinos 

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'Negocios turbios'
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Belén Prieto

Editora

A veces las series de televisión también pueden cambiar la percepción pública de un escándalo y aumentar la presión sobre las instituciones responsables. La más reciente en lograrlo ha sido 'Negocios turbios', un drama de Channel 4 basado en hechos reales que aborda un problema que afecta al Reino Unido: la contaminación de ríos y playas por los vertidos de aguas residuales sin tratar. 

Dirigida por Joseph Bullman, la miniserie reconstruye décadas de negligencias, falta de inversión y decisiones políticas que han permitido que las compañías privadas de agua continúen contaminando el medioambiente. La historia sigue a dos vecinos jubilados que deciden investigar por qué el río Windrush, en los Cotswolds, ha dejado de tener el aspecto que recordaban. Lo que comienza como una preocupación local termina destapando un problema de dimensiones nacionales, mientras otros testimonios muestran las consecuencias humanas de una crisis que también ha dejado víctimas mortales. 

Destapando el escándalo

La trama principal comienza en 2016, cuando Ashley Smith (David Thewlis), un expolicía acostumbrado a investigar casos de corrupción, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas jubilado de Oxford, descubren que el río Windrush presenta una preocupante turbidez marrón. Las explicaciones de la compañía de agua responsable no les convencen, así que deciden investigar por su cuenta. La experiencia policial de Ash y la capacidad de Peter para analizar grandes cantidades de datos les permiten identificar patrones y reconstruir un problema que va mucho más allá de su entorno. Poco a poco, descubren las consecuencias de décadas de falta de inversión en las infraestructuras y una sucesión de vertidos de aguas residuales que han contaminado ríos y zonas costeras de todo el país.

La serie alterna esta investigación con la historia de Mark y Julie Preen, una pareja que viaja con sus dos hijas a Dawlish, en Devon, durante las vacaciones de 1999. La familia escoge el destino por su playa, que cuenta con la distinción Bandera Azul, asociada a la calidad del agua. Sin embargo, los padres descubren un vertido que parece proceder de una tubería en la orilla. Su hija Heather, de ocho años, entra en contacto con el agua contaminada y muere dos semanas después por una infección causada por la bacteria E. coli O157. El caso no llega a esclarecerse por completo y el jurado considera accidental su muerte. 

La reconstrucción de esta tragedia aporta a la serie una dimensión especialmente dolorosa y muestra que la contaminación no es solo una cuestión medioambiental, sino también un problema de salud pública con consecuencias irreversibles.

Creo que uno de los principales aciertos de la serie es la manera que tiene de incorporar imágenes reales grabadas por activistas, con peces muertos y residuos que salen de las tuberías, para mostrar la dimensión de los vertidos sin depender únicamente de la ficción. Y al mismo tiempo, utiliza el humor negro para retratar las respuestas evasivas de las empresas y el funcionamiento de los organismos encargados de supervisarlas. 

Los comunicados corporativos, leídos por los personajes que interpretan a los directivos y dirigidos directamente a cámara, convierten el lenguaje empresarial en una parodia de su propia falta de transparencia. Y las interpretaciones de Thewlis y Watkins aportan además una buena dosis de complicidad a la pareja protagonista, cuyo empeño contrasta con la maquinaria burocrática a la que se enfrenta.

Además, la investigación también señala las decisiones políticas y administrativas que contribuyeron a agravar el problema. Una de las líneas temporales se traslada a 2008, cuando la Agencia de Medio Ambiente comienza a perder capacidad para detectar y perseguir infracciones. La introducción de un sistema de autocontrol operativo traslada a las propias compañías de agua parte de la responsabilidad de identificar posibles incumplimientos de la normativa medioambiental. La serie muestra el desconcierto de los trabajadores del organismo ante una medida que dificulta su labor y cuestiona la independencia de la supervisión. También aborda otros aspectos del sector, como las multas que pueden resultar poco disuasorias para empresas con grandes beneficios, la circulación de profesionales entre los organismos reguladores y las compañías supervisadas, y las elevadas remuneraciones de algunos directivos.

'Negocios turbios'

El origen de buena parte de este entramado se sitúa en la privatización del agua en 1989, durante el Gobierno de Margaret Thatcher. Desde entonces, las empresas del sector han pasado por distintas operaciones de compraventa y cambios de propiedad, mientras la falta de inversión y los mecanismos de control insuficientes han contribuido al deterioro de las infraestructuras. 

'Negocios turbios' plantea así una pregunta incómoda sobre un algo esencial: qué ocurre cuando su gestión queda en manos de compañías cuyo objetivo es obtener beneficios para sus inversores. A diferencia de otras ficciones basadas en escándalos reales, esta no promete que la perseverancia de sus protagonistas vaya a solucionar el problema. En uno de sus momentos más desalentadores, Peter reconoce a Ash el agotamiento que supone enfrentarse una y otra vez a respuestas condescendientes y nuevas investigaciones que parecen no conducir a ninguna parte. Por eso, creo que es un acierto que la historia termine dejando en manos de la sociedad la pregunta de si tanta indignación servirá para cambiar las cosas.

La tenéis en Movistar Plus.

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