Esta semana hemos conocido la noticia de que una pareja de lesbianas era atacada por tres hombres en un autobús londinense por negarse a besarse delante de ellos. Sí, "como un fenómeno de feria". Pero estas noticias están a la orden del día: y mientras unos parecen no darles importancia, a otros nos horroriza la idea de que existan seres humanos tan ignorantes y con tanto odio.
'Elisa y Marcela', la última apuesta de Netflix dentro del cine español, que dirige Isabel Coixet, llega a la plataforma en el mes del Orgullo, la celebración de la lucha LGTBIQ, un colectivo que necesita más valor que nunca frente a la aparición -en nuestro país y en todo el mundo- de líderes políticos que parecen oponerse a cualquier orientación sexual diferente a la heterosexual.
Tras su paso por la Sección Oficial de la pasada Berlinale, 'Elisa y Marcela' llega en un momento en el que necesitamos historias de mujeres valientes que lucharon por su derecho a amar libres. Y aunque no sea perfecta, la última película de Coixet es un canto al respeto, a la empatía y, perdonad la redundancia, a la libertad.
Basada en una historia real

Marcela y Elisa existieron. Marcela Gracia Ibeas (excelente Greta Fernández) y Elisa Sánchez Loriga (Natalia de Molina). Se conocieron de adolescentes en la escuela de A Coruña donde ambas estudiaban para convertirse en maestras. Se gustaron desde el primer momento que se vieron. A pesar de que el padre de Marcela intentó separarlas, cuando terminaron sus estudios, hicieron para trabajar en aldeas lo más cercanas posible: durante dos años, todos los días, Elisa recorría 12 km a pie para volver a la casa que compartía con Marcela.
Pero pronto las descubrieron y no soportando la idea de separarse, decidieron que Elisa se haría pasar por su primo Mario y se casaría con Marcela. Y así, un 8 de junio de 1901, Marcela y Elisa (bueno, Mario) se casaban por la Iglesia convirtiéndose en las primeras mujeres en contraer matrimonio. Pero pronto tuvieron que volver a huir. Por suerte, y a pesar de todo lo que pasaron y no contaré para que veáis la película, un pequeño gran triunfo: su matrimonio es todavía válido a día de hoy.
Coixet plasma esta bellísima y valiente historia de amor con delicadeza y sencillez, prácticamente, como todo lo que hace. Y aunque la historia y sus detalles no me venían de nuevas (hace unos meses vi una divertida y arriesgada obra de teatro basada en la historia de estas mujeres de la compañía gallega A Panadaria), la directora ofrece su propia visión sobre la historia que se conoce, basada en cartas, noticias de prensa y textos de la época, algunos de ellos firmado por Emilia Pardo Bazán, reconocida escritora gallega.
La estilización del amor

Para contar la historia de Elisa y Marcela, Isabel Coixet no se que sólo con los hechos y juega con las posibilidades creativas que pueden derivarse de la época y la localización en la Galicia de principios del siglo XX. Y es que la directora elige el blanco y negro -con fotografía de Jennifer Cox- para alejarse del realismo y acercarse a la época.
Con unos blancos a veces demasiado quemados, la falta de color de 'Elisa y Marcela' otorga a la película ese toque de melancolía y crudeza necesario para plasmar las dificultades que tienen que afrontar las protagonistas para vivir su historia de amor. Sin embargo, esa crudeza se contrarresta con momentos casi oníricos y encuadres bellísimos cargados de poesía visual.
Así, la Coixet se aleja del realismo, el exceso y la fealdad para brindarnos la estilización del amor y la belleza visual de todos y cada uno de los momentos en los que Elisa y Marcela comparten plano. Algo que, ya le han tachado de excesivo y no ha gustado a todo el mundo, y es que quizá se exceda en algún momento -el pulpo-.
'Elisa y Marcela': ser mujer y lesbiana a principios del siglo XX
Ser mujer a principios del siglo XX. Pleno proceso de cambio de la sociedad en la que a las mujeres se les permitía formarse para determinados puestos de trabajo peros sin esforzarse demasiado, ya que el objetivo principal seguía siendo casarse, tener hijos y cuidar de ellos y del marido.

Elisa y Marcela estudiaban para ser maestras, con el deseo loco de ser independientes y libres y no estar atadas. "No te esfuerces demasiado en la escuela, los libros no traen nada bueno", dice el padre de Marcela a su hija. Su madre (breve y estupenda María Pujalte), en cambio, le anima a ello: lee a escondidas porque los libros le dan la libertad que no tiene en su vida real.
Ser mujer y lesbiana a principios del siglo XX. Quizá sea aquí donde más cojea el último trabajo de Isabel Coixet, aunque este defecto se entiende como una decisión consciente en el rumbo del guion. Y es que la directora relata con total naturalidad el descubrimiento sexual de estas dos mujeres, que se lanzan sin pudor y sin dudas, a su sexualidad. ¿Realmente sucedería así conociendo la sociedad de la época?
Aunque nunca sabremos si Elisa y Marcela fueron tan libres a la hora de confirmar su amor, en una película que narra las adversidades que tuvieron que afrontar para estar juntas, quizá también nos habría gustado que se ahondara un poco más en el contexto social del momento y el lugar, e incluso en las dudas y miedos que pudieron surgirles a ellas mismas al descubrir lo que estaban sintiendo.
Necesitamos conocer su historia
Elisa y Marcela se casaron justo hace 118 años y seguimos necesitando que nos recuerden de qué va eso del amor. El matrimonio entre dos personas del mismo sexo es legal en España desde 2005. España se convertía entonces, en uno de los países pioneros en legalizar este derecho: el derecho al matrimonio que debería darse por universal. Pero no lo es. Tan sólo en 25 países del mundo, el matrimonio homosexual es legal y en 72 países, la homosexualidad está penalizada. Y sí, en 13 países está condenada con la pena de muerte. Leéis bien.
Y es que los casos que conté en la introducción están, lamentablemente, a la orden del día. La homosexualidad es vista como una enfermdad, un "fenómeno de feria" -en palabras de la propia Marcela en la película– y aquellos que miran hacia otro lado, hacen burlas homófobas aunque aseguran que no tienen nada en contra, no hacen más promover y reforzar el odio hacia el amor.
Con 'Elisa y Marcela', ya disponible en Netflix en todo el mundo, Isabel Coixet filma una intimista y cercana película que da voz a los olvidados y a aquellas cientos de historias similares que nunca podrán ser contadas. A pesar de sus pequeños defectos, películas como esta y su defensa de la libertad, siempre serán más que bienvenidas.
Ver 20 comentarios
20 comentarios
betitusjapunix1
Olvidados?. Si ahora es requisito para toda película comercial tener algo de equellos temas (ni los Vengadores se salvan).
aifonequis
Quieres vender una película como profunda en la actualidad? Pues aquí te dejo los elementos que más venden y luego tú, como piezas de lego, te montas la tuya:
Protagonistas (LEs buenEs):
- Lesbianismo.
- Transgénero.
- Marginalidad.
- Maltrato.
- Sida.
- Obesidad.
- Abusos sexuales.
Antagonistas (LOS malvadOs):
- Hombre.
- Blanco.
- Heterosexualidad.
- Violento.
Contexto:
- Barrio deprimido.
- Sociedad heteropatriacal.
De nada :D
jaimejames
¿Hay tijeras?
carlotasuarezgarcia
Ya tardaban los machirulos en hacer acto de presencia.
tnuocsid
La pregunta del millón es, ¿Respeta la historia original o es un alegato misandrico?
Usuario desactivado
Esta película debe analizarse desde dos puntos de vista MUY DISTINTOS y DEJARLO EN CLARO para que no se arme el drama en los comentarios.
1. Como película es bastante mala, pero mala con ganas. Lenta por que si, para darle más "profundidad" e igual que la implementación de ese blanco y negro más plano que nada.
2. Como historia es igual de mala, independientemente de que sea una historia de amor lesbico y que la temática se centre en dar mensaje de lo que sufre la comunidad LGBTI+ las letras que le agreguen cada día que pasa. La historia es mala y esta mal narrada y un largo etc.
¿Con este tipo de películas quieren lograr que la gente visualice los problemas y discriminacion que presenta la comunidad? No logran que la gente termine la película, menos van a lograr hacer que la gente sea consciente. Si quieren difundir un mensaje importante deben hacerlo CON BUENAS PELÍCULAS. Sin ir muy lejos, hace dos años con 120 BPM que narraba los problemas que hubo en Francia en los 90's con la insuficiencia de medicamentos para la gente infectada con VIH y/o SIDA. ¿Otro ejemplo? La daga en el Corazón que nos narra prácticamente ese punto de la discriminación desde la óptica de una rara mezcla entre giallo/slasher/thriller/homenaje a De Palma ambientada en el mundo del porno gay en FRANCIA OTRA VEZ.
Regla de oro. ¿Quieren que la gente les haga caso y difundir un mensaje? Hagan un producto de calidad con una buena historia y que también sea dentro del contexto, entretenida de ver.
corxana
Por desgracia en estas materias, no son solo machirulos los que tienen conductas machistas, también hay mujeres que juzgan de forma inapropiada.
Dicho esto, la película me ha parecido bien fotografiada, magníficas las actrices y con una iluminación muy superior a la media de las películas españolas, pero el guion es flojo, no ahonda en las circunstancias personales, se desaprovecha la ocasión para poner en alza a los actores secundarios y su ritmo es lento.
mefista
Yo la vi ayer. Me pareció una buena película, con excelentes interpretaciones de las dos protagonistas y de los secundarios y con una estética muy destacable, el uso del blanco y negro queda perfecto. Tiene momentos muy líricos que son para enmarcar. Aunque la historia es muy interesante, me pareció un poco lenta y reiterativa, al principio. Tal vez, se pierde un poco en hacerla tan bonita, que el contenido queda en segundo plano. Cuando empieza a ponerse interesante, porque la historia lo es, gana en emoción, pero eché en falta que profundizara un poco más en el contexto social e histórico. Aún así, es una película muy necesaria y recomendable.