El primo Matthew ya no está. Había expectación por ver como afectaría la baja de Dan Stevens de ‘Downton Abbey’, un asunto que suscitó muchas discusiones hace casi un año, y los había que pronosticaban un salto del tiburón. La serie, según ellos, ya no sería lo mismo y estaría de capa-caída hasta el fin de sus días. Pero el 22 de septiembre Michelle Dockery apareció vestida de luto, miró al vacío y no solamente transmitió el dolor de Lady Mary. También procuró que entendiésemos que el eje fundamental de la serie no era su romance: era ella.
Esta es la primera opinión que pudo sacarse en firme del estreno de ‘Downton Abbey’, que volvió al canal británico ITV con una audiencia destacada, 9’5 millones de espectadores. Había expectación, por supuesto, por ver como se lidiaba con la pérdida del gentil galán. Un personaje que será más recordado de lo que podría parecer en un principio, el Señor Darcy del nuevo milenio para la cultura británica y cuya salida de la serie saldrá en listas de muertes seriéfilas hasta el fin de los días (tiempo al tiempo). Sea como sea, ya se han emitido dos episodios y uno puede hacerse una idea de qué nos deparan los Grantham. Julian Fellowes será elegante en sus formas, pero sus intenciones siempre se ven a la legua.
Adiós, señora O’Brien
La señora de las pastillas de jabón.
Una situación grácil porque permitió ver a todos los personajes en pocos minutos mientras el espectador podía recorrer los pasillos de la mansión y familiarizarse otra vez con ellos. A partir de aquí, sin embargo, la función fue de Lady Mary y su incapacidad de superar la muerte de Matthew. Unas escenas que en julio le reportarán a Michelle Dockery otra nominación al Emmy como actriz protagonista. Fría, sutil, magistral. En pocos instantes, recordó algo que casi se había olvidado: antes de ser la cálida mujer de Crawley, había sido un témpano de hielo. La escena con Edith en las escaleras bien se encargó de recordarlo. ¿Volvería a ser la chica distante y viperina de los inicios, como bien ella misma temía?
La señora de las tierras
Según parece, la respuesta es que no. El propósito de Fellowes es continuar escribiendo un relato de base optimista y, hay que reconocerlo, también anacrónico. Y, si bien existe la posibilidad que una mujer se encuentre en un puesto de semejante responsabilidad y al cuidado de tantas tierras, la cantidad de excepciones temporales que ‘Downton Abbey’ ha vivido son numerosas. La relación ya casi coloquial entre señores y sirvientes, la reconocida homosexualidad de Thomas, la aceptación del matrimonio de Branson y Sybil, la reformada mentalidad de Violet y ahora el feminismo de Lady Mary. Ejemplos y ejemplos de situaciones improbables que tuvieron lugar en la serie por el bien del entretenimiento.
Lo que es cuestión de cada uno es comprarlo o no comprarlo. Si todavía vemos esta cuarta temporada, será que decidimos firmar este contrato de Julian Fellowes y la situación de Lady Mary apunta maneras, sobre todo desde que Matthew dejó escritas sus intenciones con respecto al testamento antes de fallecer en el accidente de automóvil. Así lo demostró su llegada en la comida, donde por fin abandonó el luto, y Michelle Dockery está tan fantástica en su papel que es una alegría ver que tiene trama. Una historia de superación mucho más agradecida que la de Lord Grantham, cuya actitud respecto a su hija es tan despreciable como comprensible. Encaja dentro del personaje pero se percibe de forma demasiado visible que procura por su bien individual. El señor Fellowes, como decía unos párrafos más arriba, no es un guionista muy sutil.
¿Qué otras tramas hay?
¿Un poquito de felicidad para Lady Edith?
Cuesta creer, por ejemplo, que Anna saldría a bailar con Rose o que Mary aceptase semejante propuesta. Pero de tramas absurdas ‘Downton Abbey’ está lleno y el segundo episodio también recordó al último especial de Navidad. No hubo tanta trama inútil, aunque sí sorprendió que destinaran tantos minutos al pasado de Carson (no sería extraño que protagonizase alguna función en Nochebuena o algo por el estilo), pero sí evidencia que la serie no es perfecta. A menudo es banal y se estanca en las relaciones e inercias de los personajes, pero es una postal tan bonita y tan bien interpretada que semejante desfile de escenarios, vestidos y peinados compensa los puntos flojos mencionados.
¿‘Downton Abbey’ ha saltado el tiburón? ¿Lo saltó hace dos años cuando Bates ingresó en prisión? Cada cual puede opinar lo que quiera en la sección de comentarios, pero su arranque de temporada demuestra que a día de hoy aún es una delicia.
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